Sube la marea, distorsiona mi visión de la realidad, la
nausea se apodera de la carne, pájaros encerrados en mi cabeza, pretenden volar
pero el muro es grueso y espeso. Luz solar penetra el agua he ilumina bellos
corales de locura brillante, diamantes en bruto que me hacen especular, divagar
en un mar de hilos sin fin, pero con principio, el principio atractivo y
seductor de lo desconocido. Remueven las entrañas ondas magnéticas oscuras,
cargadas con erotismo que violentan mi cuerpo, vibraron mis brazos las piernas
descosidas frente a la luz hipnotizante de la colosal luna que se presenta sin
aviso mientras enredado en promesas me distrae por unos instantes, efímeros y
eternos recuerdos que se graban en un yelmo de batalla. Dame esa luz
misteriosa, la deseo ahora que por el recuerdo anhelante hago estragos en mi
cuerpo, la nausea se fue por la locura a lo desconocido, nuevo, cosas nuevas
por aceptar y sabiduría por guardar.
Caben en la boca tantas palabras uno quiera cargarse. Van saliendo, una a una. Con sus respectivos espacios. En sus respectivos espacios. El pensamiento. Por ahí anda ordenando y generando algún salto de lucidez. De A a B y más allá, como Buzz Lightyear. Sinceramente, le dejé allí. Le solté una mentira que para mi era, verdaderamente, una mentira que ocultaba una verdad. No la diré, por favor. ¿Piensan que soy inteligente? Clamando una oportunidad de repente voy y la tengo en la peor de las circunstancias. Agarrar eso implica soltar el resto. Parece. Parece como si la espiral temporal en la que me muevo, especulata, fuera como ese juego de parque, si, el de las manillas. Para avanzar, es decir, llegar a la otra plataforma, tiene que pasar de una a otra aguantando todo tu peso, ya sea el de un camello, el de un león o un niño. Amor, ¿dónde estás? Te echo de menos. Saltamos desde un avión en marcha sobre un bosque en llamas para apagarnos en el tramo de caída. No sé de dónde ...
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