Sube la marea, distorsiona mi visión de la realidad, la
nausea se apodera de la carne, pájaros encerrados en mi cabeza, pretenden volar
pero el muro es grueso y espeso. Luz solar penetra el agua he ilumina bellos
corales de locura brillante, diamantes en bruto que me hacen especular, divagar
en un mar de hilos sin fin, pero con principio, el principio atractivo y
seductor de lo desconocido. Remueven las entrañas ondas magnéticas oscuras,
cargadas con erotismo que violentan mi cuerpo, vibraron mis brazos las piernas
descosidas frente a la luz hipnotizante de la colosal luna que se presenta sin
aviso mientras enredado en promesas me distrae por unos instantes, efímeros y
eternos recuerdos que se graban en un yelmo de batalla. Dame esa luz
misteriosa, la deseo ahora que por el recuerdo anhelante hago estragos en mi
cuerpo, la nausea se fue por la locura a lo desconocido, nuevo, cosas nuevas
por aceptar y sabiduría por guardar.
resulta ser que no, no hubo fin. se puntualizaron algunas cosas pero, esa parcialidad, quedó inconclusa. hicieron lo que dijeron que harían, pero, en el féretro, nadie respiraba mientras el resto seguía mirando entre lágrimas. Fukuyama hecho del bar a la historia, esta, ‘Historia’, pero apareció otra vez, sentada junto a la barra esperando otra cerveza por ser servida. las paralelas que siguen las calles de una ciudad, cualquiera, son transitadas, cada día, por bastante, bastante gente. ¿vivimos en una sociedad o la sociedad vive en nosotros? salvando las distancias, parece que las diferencias ya están hechas, y huelen a lo mismo aunque parezcan otra cosa. se hace lo mismo. hay una especie de estigma del último, del mejor, del más allá, del sentido extrapolado y precioso, aquello asible con una interpretación paranoica y obsesiva sobre los hechos. no hay hechos, sino interpretaciones jodidamente chungas, enrevesadas, algo que tiene más de patología propia, de una asunción jodida de l...
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