En
un rincón de mi casa, veo las cortinas, tapando el exterior, no hace frió ni
calor, y siento tu presencia en cada color. La radio suena, comenta tu vida,
voces extrañas, conocidas, ajenas, rumores, que minan mi cuerpo, respuestas
fisiológicas que no entiendo porque no acepto, por miedo a que se hagan mas
grandes. Romperé tu radio, saltaré fuera, al balcón, pero seguiré escuchándola,
en mi cabeza, imaginación intoxicada. Luego yo también tengo una vida, pero no
puedo utilizar al resto por despecho, solo para intentar apaciguar el
torbellino casual que apareció delante atrapándome, junto a mi mundo. Todo daba
vueltas, a veces veía tus labios tan cerca que podía besarlos, pero me tiraban
hacia atrás tus ojos cargados de tormentos, quiero calmarlos, para así poder
besarlos, y simultáneamente tocar el suelo, acabar con la nausea, dolor de
cabeza, desgarros que con caricias sanarán. No te disculpes conmigo por ser
así, las disculpas son para ti, por marearte cual marinero en su primer viaje.
Descansa sobre mi pecho, no hace falta que sonrías, ni que me ames, solo se tu
quien descansa. Mi casa estará en el suelo,
la tuya también, los remolinos se transformaron en una bella casa,
recogiste la madera, la pintura, y todo lo que no pudiste formar, mientras
girabas y girabas sin rumbo, pensando que todo era cierto, y lo que decía la
radio, también.
resulta ser que no, no hubo fin. se puntualizaron algunas cosas pero, esa parcialidad, quedó inconclusa. hicieron lo que dijeron que harían, pero, en el féretro, nadie respiraba mientras el resto seguía mirando entre lágrimas. Fukuyama hecho del bar a la historia, esta, ‘Historia’, pero apareció otra vez, sentada junto a la barra esperando otra cerveza por ser servida. las paralelas que siguen las calles de una ciudad, cualquiera, son transitadas, cada día, por bastante, bastante gente. ¿vivimos en una sociedad o la sociedad vive en nosotros? salvando las distancias, parece que las diferencias ya están hechas, y huelen a lo mismo aunque parezcan otra cosa. se hace lo mismo. hay una especie de estigma del último, del mejor, del más allá, del sentido extrapolado y precioso, aquello asible con una interpretación paranoica y obsesiva sobre los hechos. no hay hechos, sino interpretaciones jodidamente chungas, enrevesadas, algo que tiene más de patología propia, de una asunción jodida de l...
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