En
un rincón de mi casa, veo las cortinas, tapando el exterior, no hace frió ni
calor, y siento tu presencia en cada color. La radio suena, comenta tu vida,
voces extrañas, conocidas, ajenas, rumores, que minan mi cuerpo, respuestas
fisiológicas que no entiendo porque no acepto, por miedo a que se hagan mas
grandes. Romperé tu radio, saltaré fuera, al balcón, pero seguiré escuchándola,
en mi cabeza, imaginación intoxicada. Luego yo también tengo una vida, pero no
puedo utilizar al resto por despecho, solo para intentar apaciguar el
torbellino casual que apareció delante atrapándome, junto a mi mundo. Todo daba
vueltas, a veces veía tus labios tan cerca que podía besarlos, pero me tiraban
hacia atrás tus ojos cargados de tormentos, quiero calmarlos, para así poder
besarlos, y simultáneamente tocar el suelo, acabar con la nausea, dolor de
cabeza, desgarros que con caricias sanarán. No te disculpes conmigo por ser
así, las disculpas son para ti, por marearte cual marinero en su primer viaje.
Descansa sobre mi pecho, no hace falta que sonrías, ni que me ames, solo se tu
quien descansa. Mi casa estará en el suelo,
la tuya también, los remolinos se transformaron en una bella casa,
recogiste la madera, la pintura, y todo lo que no pudiste formar, mientras
girabas y girabas sin rumbo, pensando que todo era cierto, y lo que decía la
radio, también.
Abro los ojos en mitad de la madrugada. Los ojos enrarecidos como de costumbre, no dan tregua. Los pensamientos tampoco. Agarro el móvil para comprobar si mi reloj interno está adelantado o atrasado. La luz de éste me ciega, me produce un escozor. Cae una lágrima. Las 6:07am. Lo apago y me vuelvo a acomodar sobre el cojín. Pensamientos no cesan de venir. Algo los motiva. Un piloto automático de goce. Un blablablá que no parece tener fin. Siento que ya está, ya me levanté, ya no hay vuelta atrás. Vuelvo a por el móvil y me pongo a mirar redes sociales. Pongo un podcast de una radio argentina. Dejo el móvil recostado a mi lado. La luz de la pantalla ilumina un poco del cuarto. Se filtra por la cortina una tímida luminiscencia matinal, cutre. Prefiero cerrar los ojos. Ahí va, un torrente de palabras con acento de casa corriendo como la pólvora hacia un lugar que no me interesa. Interludio hasta que vuelva a dormirme. Ojalá pueda. Ojalá pueda volver a no estar y no sentir la urgencia de ...
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